No hay Mundial sin música, como no hay Mundial sin jugadores africanos. En honor a esos atletas admirables que defienden los colores de sus patrias y rescataron de la debacle a las vanidosas potencias europeas, cuyas selecciones deben mucho a los jugadores provenientes de África, dedicamos esta versión del Disquero a la música africana. Baobab, acusa el diccionario, es un árbol tropical de la familia de las bombacáceas, con tronco voluminoso y hojas palmadas. Su fruto es alargado y comestible. Baobab, acusa el cuerpo, es una orquesta de estilistas que hace sudar a todos. Si usted, hermosa lectora, amable lector, no conoce todavía la belleza lujuriosa de un baobab, abra un atlas botánico. Si no tiene la dicha aún de conocer la belleza lujuriosa de la música de la orquesta Baobab, ponga a sonar un disco paradisíaco, goleador: Estilistas versátiles (Specialist in all styles ), producido por Nick Gold y Youssou N’Dour. Y ya que mencioné a Youssou N’Dour, recomiendo todos, repito, todos los discos de este gran músico conocido por muchos debido a la pieza clásica Seven Seconds . La Orquesta Baobab se fundó en 1970, en pleno centro de Dakar. La mezcla de cosmopolitismo y naturaleza, tanto del lugar como de la música, han despertado desde entonces las fantasías más bellas, las realidades más concretas, entre éstas una fusión natural: la conjunción de la música clásica de Cuba (el son montuno, la guaracha, los distintos rumbos de la rumba) con la música clásica de África. El resultado hizo entrar en fiebres hipersaludables a bailadores y melómanos del planeta entero, hasta que hizo irrupción el m’balax, género de música cubana “exportable” cuyo exponente máximo es hasta el momento, precisamente, Youssou N’Dour. Recomendemos otros discos de música africana. Un silbo del viento, el beso del hada, la glosinea en flor. El sonido del instrumento musical milenario llamado kora suena a encantamientos, invocaciones, nubes de pensamientos. Es un instrumento de cuerda para deletrear el mundo, sus misterios, sus vibraciones. La kora es un instrumento divino que existe desde el siglo XIII y su poder pasa de mano en mano, generación tras generación. Uno de sus detentadores modernos fue un griot, es decir, una autoridad moral, espiritual: Toumani Diabaté (1965-2024), cuyo disco Korolén es un bálsamo. Un torrente de bendiciones. Korolén es un encargo del Barbican Centre y fue la primera ocasión en que la kora se convirtió en solista de una orquesta sinfónica, en este caso la Sinfónica de Londres. El disco Korolén, de Toumani Diabaté, contiene seis piezas en las que la kora es protagonista y la orquesta responde, acompaña, interroga. Los músicos: Toumani Diabaté, kora; Lassane Diabaté, balafón; Mady Kouyate, guitarra; Kasse Mady Diabaté, voz; 30 integrantes de la Sinfónica de Londres, todos dirigidos por Clark Rondell. Los temas que desarrolla Toumani Diabaté están preñados de candor, pureza de espíritu, calma y bondad. Es una música que mece, arropa, aúpa y acurruca. El proyecto con la Sinfónica de Londres se estructuró, magia mediante del productor británico Nick Gold, a partir de piezas preciadas de Toumani Diabaté, provenientes de su hermoso disco In The Heart of The Moon . Ese disco, En El corazón de la luna , es una joya. Norah Jones lo escucha cada mañana en su casa en Londres para hacer su práctica de yoga y que la escuchen sus hijas, “como un mantra, como una plegaria”. En El Corazón de la luna es un disco agraciado: Alí Farka Topuré enarbola su guitarra mientras Toumani Diabate envuelve en sus brazos su kora y, en menos tiempo del que toma el sol en calcinar todas las llanuras, crean una música bellísima, de una ternura abrasadora. Hay otro disco del cual eligió Toumani Diabaté para retrabajar algunas de sus piezas con la Sinfónica de Londres: Mandé Variations . Apabullantemente hermoso. Los discos de Toumani Diabaté son en realidad poemarios y siempre rinden paz interior. Suenan a pócimas de amor, a efluvios sanadores. Es una música que vuelve audible el pulso celeste. Suena a heno, siempreviva, hueledenoche, eneldo. Es una música que danza, sin moverse, una revelación en medio de un sueño. Vuelo dorado de polen, diálogos de sombras transparentes, reguero de relámpagos, bailarinas en su arqueo. Es un sonido vegetal. Savia de pálpito calmo. Cordel. Nudo. Sabiduría. Amor. Escuchar la kora en manos de Toumani Diabaté implica nombrar las palabras sencillas que hacen brillar al mundo: árbol, lluvia, hoja, ave. Tu sonrisa.

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