Trabajos de construcción. El estadio. Foto: https://x.com/EstadioBanorte

jueves, 4 de junio de 2026 · 06:00

Edificar un escenario ambicioso y en aquel entonces único en su tipo como el Estadio Banorte, no sólo representó un desafío de arquitectura e ingeniería para la época, también un despliegue humano pocas veces visto con monumentales retos a la altura de lo que se estaba creando.

Desde la colocación de la primera piedra en agosto de 1962, los trabajadores tuvieron que enfrentar la que se convirtió en la mayor dificultad que acompañó el resto de la obra hasta su conclusión: la superficie del terreno.

Aunque de antemano era sabido que la elección del sitio donde se construiría el estadio en el ejido de Santa Úrsula se encontraba en suelo volcánico producto de una de las erupciones del Xitle hace miles de años, ya en el lugar, remover la piedra demandó una labor titánica.

Para vencer a las rocas se debieron dinamitar alrededor de 180 mil toneladas de piedra con el propósito de preparar los cimientos, sin embargo, llegó otra dificultad no prevista, los mantos freáticos se encontraban a menor profundidad de la esperada e incluso durante los trabajos se descubrieron los restos fósiles de un mamut.

Esta adversidad obligó a detener la excavación de acuerdo con lo planeado, lo cual implicó un reajuste en los trabajos de ingeniería al tener que levantar la estructura a mayor altura de lo contemplado en un inicio y provocó que los gastos se dispararan a más del doble de acuerdo con el presupuesto original.

El financiamiento y la gestión de recursos estuvo a cargo de la empresa Futbol del Distrito Federal, encabezada por Emilio Azcárraga Milmo, propietario del Club América, quien también contaba con la participación de los clubes socios Atlante y Necaxa, los cuales aportaron el 20 por ciento de sus ingresos para la amortización del inmueble.

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