Gastar puede convertirse en una experiencia incómoda: desprenderse del dinero genera culpa, ansiedad o una sensación de pérdida que muchas veces condiciona nuestras decisiones de consumo. Bajo el concepto de la 'coda empedernida', se explora por qué el acto de pagar duele emocionalmente y cómo ese dolor influye en la forma en que administramos nuestros recursos, postergamos compras o buscamos justificaciones antes de cada desembolso.